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31 mayo 2017

Jesus Marti

La horde (2009)


La Horde, cartel de la película dirigida por Yannick Dahan y Benjamin Rocher
Francia en los últimos años ha abastecido incansablemente al género fantástico y de terror con producciones osadas, arriesgadas y violentas. Cada año llegan sin tregua películas a los festivales especializados, la distribución (sobre todo en nuestro país) es harina de otro costal, que parecen una carrera sin frenos en busca del gore más extremo o la historia más extraña, sin tener en cuenta, muchas veces, la necesidad de ir un poco más allá en los planteamientos, tanto visuales como narrativos y buscar recursos que destilen algo más que sangre y mala leche. Dentro de esa vorágine, películas como A L’interieur pueden considerarse novedosas e interesantes, por el contrario, otras, son un refrito incansable de propuestas realizadas años antes, aportando considerables dosis de sangre, tripas y ritmo acelerado como elementos novedosos a la ecuación. Sin embargo algo que une a todos estos films es la calidad técnica, son productos muy bien rodados, con un acabado brillante y en la mayoría de los casos con un ritmo muy alto, que resulta muy atractivo y entretenido de visionar.
La horde (2009), película que hoy nos ocupa, tiene todas las virtudes y todos los defectos anteriormente señalados, pero antes de iniciar el comentario nada mejor que una pequeña sinopsis, para situarnos: un grupo de policías decide asaltar un piso, situado en un inmenso edificio en las afueras de París, donde está escondido un gangster nigeriano y parte de su banda, que días antes había asesinado a uno de sus compañeros. En medio de la reyerta, se dan cuenta de que algo ha ocurrido en el exterior: los muertos están volviendo a la vida. No les quedará más remedio que colaborar entre ellos para intentar sobrevivir.
La Horde, secuencia de la película
Dirigida por Yannick Dahan y Benjamin Rocher, en la que es su primera incursión en el largometraje, La horde presenta una historia de venganza, gángsters y odio, donde, como marco y telón de fondo, nos encontramos con un apocalípsis donde los zombies son sus principales y peligrosos protagonistas. Con un inicio trepidante, sus primeros quince minutos son ejemplares, parece ser que la intención de sus realizadores era profundizar más en las tensas relaciones entre los dos bandos y en su obligada colaboración para sobrevivir, que en la presencia de los muertos vivientes; es indudable que este punto de partida promete mucho más que lo que al final la película ofrece, pues tras dejar claro el enfrentamiento y el odio, la película navega irremediablemente hacia derroteros más conocidos y asumidos por los aficionados, donde las persecuciones, peleas, mordiscos y sangre a destajo se convierten en la parte del pastel más importante.
Quizá este sea el principal error de la película, pues las intenciones quedan en eso, intenciones, el resto ofrece momentos, sobretodo en la parte central, donde los responsables del invento parecen un poco perdidos y deseosos de llegar al último segmento, donde pueden desatar toda la acción, a ritmo trepidante, y llegar al final pretendidamente sucio y depresivo. 
La Horde, secuencia de la película
Como influencias innegables encontramos al amigo Carpenter, su Asalto en la comisaría del distrito trece (1976) ofrece el punto de partida idóneo al film, Romero y su Dawn of the Dead (1978) regalan el aspecto visual de los zombis y el entorno requerido para la historia y, por último, Danny Boyle y su 28 días después (2002) legan al conjunto la velocidad, voracidad y contundencia de los susodichos zombis. Más allá de estos elementos claramente influenciadores, encontramos algunas escenas y recursos brillantemente resueltos que dotan a película de una, justificada, labor por ofrecer puntos de vista novedosos (o casi) y extraños, por ejemplo las peleas a puñetazos y patadas, un trabajo por parte de los actores encomiable (a pesar de la poca profundidad), en especial el brutal vecino (Ives Pignot), ya talludito, que desde su aparición da a la película un impulso nuevo y visceral cercano a la enajenación, y sobre todo, una ambientación sucia, depresiva, llena de ángulos y planos oscuros que deviene parte esencial de la tensión y el pesimismo que desborda toda la película, y que se convierten, por derecho propio, en los elementos que otorgan mayor interés a la producción.
La Horde, secuencia de la película
Por otra parte noto a faltar una mayor carga dramática, tanto en los personajes como en el entorno donde se desenvuelven, pues las pocas escenas donde los realizadores se permiten recrearse, podían muy bien haber llevado la trama a un nuevo nivel de empatía con el espectador, logrando contextualizar más el tempo y la situación narrados. Como ejemplo de esta atmósfera ninguneada, puedo mencionar las dos escenas donde los protagonistas ven la desolación y destrucción del centro de la ciudad desde el terrado del edificio, ese breve paréntesis, logró, en su simple ejecución, acrecentarme la sensación de miedo y angustia mucho más que los sucesivos y previsibles ataques de la horda de muertos vivientes. Creo, y esto es una opinión muy personal, que el género de zombis tiene obligatoriamente que cambiar sus esquemas y guiños, que por tan utilizados, ya han perdido buena parte de su poder terrorífico, siendo una de las posibilidades esa mayor proyección dramática que confiera un entorno no tan “survival” y sí más cercano a la realidad, dentro de la irrealidad del género fantástico claro.
La Horde, secuencia de la película
Bueno La horde, es una película que funciona bastante bien, con algunos errores de peso, pero que ofrece una buena tarde de evasión para cualquier aficionado a los zombis, la sangre y la acción. Sin embargo a quién busque algún soplo de aire fresco, una propuesta más allá de los guiños habituales o más profundidad en los planteamientos, se encontrara bastante perdido y a, momentos, algo cargado y cansado de la rutina sistemática del film, que si bien está resuelto con bastante corrección, queda bastante lejos de lo que podría esperarse en un principio.
Por mi parte, me lo pasé bastante bien visionándola, eso sí, tuve que distanciarme y ver la película como lo que es: una peli de zombis al uso, en la cual se pierde una buena oportunidad para dar un giro de 180 grados a los esquemas habituales en estas producciones. De todas maneras estaré atento a los próximos proyectos de estos dos directores, con la esperanza de que los defectos aquí detectados, sólo sean producto de ser su primera obra en el largometraje, y que todavía no tengan bien afinados los tempos necesarios para mantener noventa minutos en una película de terror con plenas garantías. Correcta pero poco estimulante.
Podéis ver el tráiler en nuestro canal de Youtube: La Horda
Un saludo amigos/as.

Ficha Técnica
Año: 2009 / Director: Yannick Dahan, Benjamin Rocher / Productor: Bambou Nguyen, Raphaël Rocher / Guión: Yannick Dahan, Benjamin Rocher, Arnaud Bordas, Stéphane Moïssakis / Fotografía: Julien Meurice / Música: Christopher Lennertz / Diseño de Producción: Jérémie Meurice / Maquillaje: Olivier Afonso, Laetitia Hillion, Oriane Cattiaux, Milou Sanner, Cyril Hipaux, Frédéric Lainé, Pascal Laure, Flore Masson / FX: Kevin Carter, Laetitia Hillion, Olivier Junquet, Stéphane Soubiran, Nicolas Herlin, Gillaume Castagné / Efectos Visuales: Sebastien Dostie, Jerome Kerzerho / País: Francia / Duración: 90m. / Formato: 35mm  / Proporción: 2.35: 1 / Color /
Ficha Artística
Claude Perron, Eriq Ebouaney, Aurélien Recoing, Jean-Pierre Martins, Dou Dou Masta, Jo Prestia, Antoine Oppenheim, Yves Pignot, Adam Pengsawang, Sébastien Peres, Lauren Demianoff, Stéphane Orsolani, Alain Figlarz, Ali Karamoko, Maud Heywang, Marie Vincent, Mohamed Kerriche, Vincent Haquin, Laurent Segall, Emmanuel Lanzi, Cristina Da Silva, Virginie Arnaud, Patrick Vo, Jean-François Lenogue, Olivier Sa, Alain Barbier, David Genty, Malki Attar, Sébastien Labie, Sebastien Soudais 


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