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Tu Web del Cine de Terror

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25 mayo 2011

Jesus Marti

VINCENT PRICE, EL PRINCIPE DEL TERROR

uno de los más grandes actores del cine fantástico
El día 27 de mayo se cumplen 100 años del nacimiento de uno de los actores más conocidos, respetados y carismáticos del mundo del cine en general y del terror en particular, nos estamos refiriendo al llamado “el príncipe del terror”, el señor Vincent Price. Es difícil expresar con palabras lo que este caballero supuso para el cine fantástico, sus personajes se han convertido, con el paso del tiempo, en iconos perfectamente reconocibles y es muy difícil, por lo menos para mí, separar a Price de, por ejemplo, el rostro deformado del Dr. Phibes o del atormentado escultor Henry Jarrod. Vincent Price fue durante años ese amigo al que esperas con ilusión, seguro de que cuando te reencuentres con él no te va a defraudar, te va a hacer disfrutar (como mínimo) y si hay suerte te presentará otro brillante y terrorífico personaje que durante mucho tiempo estará rondando por tu cabeza.  
El otro día, dándole vueltas a la idea de realizarle un homenaje en El Terror Tiene Forma, me di cuenta de que en la web existen miles de páginas que repasan, con más o menos acierto, la biografía y principales trabajos del genial actor, por lo que decidí realizar este post desde el punto de vista que más me interesa: las películas. Revisando su larga trayectoria y seleccionando una serie de películas, elección siempre injusta y propensa a no contentar a nadie, decidí escoger seis de los trabajos que representan, en sí mismos, las múltiples facetas y registros que Price poseía y tan bien representaba delante de las cámaras, como es lógico la elección sólo tenía un condicionante, la película escogida debía de tener un mínimo componente de carácter fantástico o de terror.
Vincent Price en una de sus películas más famosas
La selección efectuada abarca y representa las múltiples facetas del actor, facilitando, al aficionado que no conozca a tan insigne personaje o a aquel que quiera recuperarlo, un libro de ruta conciso que despierte la curiosidad y las ganas por ver estas grandes películas, muchas de ellas absolutamente irrepetibles, que marcaron una época en el cine de terror. Como complemento al homenaje unos cuantos trailers de las películas comentadas. Si os parece vamos a ello.

Otra película excepcional de Vincent Price
Los crímenes del museo de cera (House of Wax, 1953). La película Los crímenes del museo (Mystery of the wax museum, 1933) del gran Michael Curtiz, tuvo su remake, años después, en esta fabulosa y macabra producción dirigida por André de Toth. Una película mítica, con cualidades, tanto visuales, dramáticas e interpretativas, perfectamente válidas hoy en día y uno de los puntos culminantes del cine de terror salpicado de considerables dosis del mejor cine de suspense que acompañan a una intensa historia de locura y venganza. Price se desenvuelve como escorpión en el desierto en esta producción, en todas sus apariciones se come (literalmente) al resto de actores, la riqueza y expresividad de su voz, su porte señorial y carismático y, sobre todo, el aire malsano de su personaje, logran elevarlo a los altares del género de terror, lugar que ya no abandonaría jamás. La película sigue conservando hoy en día toda la potencia que tenía en su momento, un delicioso placer macabro, donde todos los elementos están conjuntados y medidos para provocar elegantes escenas de suspense y terror, que aúnan en su interior todo lo mejor y lo peor del ser humano. Un gran e imprescindible clásico.
La comedia de los terrores (The comedy of terrors, 1963). Una película dirigida por el nunca suficientemente aplaudido Jacques Tourneur ya es suficiente excusa para justificar su visionado, pero si encima viene acompañada de actores de la talla de Boris Karloff, Peter Lorre, Basil Rathbone y nuestro amado Vincent Price no hay excusa en el mundo que justifique no conocerla. La película es una brillante comedia, como su título indica, donde el humor negro y los diálogos mordaces conducen al film por un delirante viaje a través de las miserias y bajezas del ser humano. Waldo Trumbull, el personaje al que da vida Vincent Price, pasa a la historia por ser uno de directores de funeraria más misógino, avaricioso, alcohólico, pedante y absolutamente falto de escrúpulos de la historia del cine, por supuesto el actor saca a la luz su amplio abanico de recursos escénicos y, junto a sus compañeros de reparto, nos ofrece una de esas películas que son difícilmente olvidables y absolutamente irrepetibles. Una comedia negra magnífica de obligado visionado.
La mascara de la muerte roja (The masque of the red death, 1964) es, para mi gusto, la mejor adaptación realizada por el dúo Corman / Price sobre la obra de Edgar Allan Poe. La película, de una malignidad brutal, es un fresco vivo y colorido donde Roger Corman combina dos relatos del maestro (el que da título a la película y Hop Frog), en el cual la asombrosa capacidad de este director para crear ambientaciones, atmósferas y tensión, sobrepasa de largo nuestra capacidad de sorpresa. De todas maneras este artículo no va dedicado a Corman, por lo que vamos a lo nuestro: Vincent Price. En esta película, el actor compone una de sus piezas más emblemáticas, sugestivas, malsanas y terroríficas de su carrera. Sin un ápice de humor y arropado en todo momento por las escenas delirantes (sobre todo los últimos veinte minutos) y la increíble paleta cromática de Corman, Price, o más bien su alter ego el Príncipe Prospero pasea su altanera figura, hace y deshace a su gusto, desata su sadismo y juega a corromper cualquier cosa pura que se cruce en su camino. Es obvio mencionar toda la galería de escenas y diálogos que aderezan el film, sólo puedo decir que muchos de ellos son inolvidables y han pasado a la historia del cine. Esta película es una muy buena muestra de hasta dónde podía Price llegar en sus interpretaciones, pletórico en registros, declamando (versión original, please) con convicción, empleando cada uno de sus movimientos, faciales y corporales, para dar fuerza a su turbio personaje y llevar el todo peso de la película con ritmo y eficiencia. Inmejorable.
Corman y Price dando imagen a la obra de Poe
El último hombre sobre la tierra (The last man on Earth aka L’ultimo uomo della terra, 1964), es la primera adaptación cinematográfica de la novela Soy Leyenda (I am Legend), escrita en el año 1954 por Richard Matheson. Esta producción italiana con guión del mismo Matheson, ofrece un espectáculo de ritmo desigual y algo inocente, que lastrado por un mínimo presupuesto puede, en muchos momentos, condicionar el visionado del mismo.  Sin embargo, la película cuenta con dos poderosos y llamativos elementos que refuerzan el interés por la misma, por un lado la particular apariencia visual de los vampiros, tanto su imagen como sus movimientos son una influencia clara y notoria sobre los zombies que Romero popularizaría en su film La noche de los muertos vivientes (Night of the living dead, 1968). Por otro lado, por supuesto, el gran Vincent Price, su actuación es intensa y sublime, logrando transmitir él solito todo un crisol de emociones y sentimientos que transitan entre la locura, la soledad, el odio, los remordimientos y la desorientación propia de la situación que se nos presenta, un viaje alucinado entre la supervivencia y la venganza que el actor, con carismática presencia, acomete con grandeza. Esta película sin Price sería del montón y fácilmente olvidable, pero su presencia y actuación consiguen que los múltiples y variados defectos de la misma, pasen completamente desapercibidos y su visionado se convierta en un placer, en una degustación intensa y perdurable que hoy en día deviene en un espectáculo perfectamente válido. Una rareza fílmica que Vincent Price convierte en algo más…
Matheson está orgulloso de esta versión de su relato
Matar o no matar, este es el problema (Theater of blood, 1973) es una película que comparte buena parte de sus intenciones y argumento con otra de esas obras clásicas, pero menores a nivel de audiencia, como es El abominable Dr. Phibes (The abominable Dr. Phibes, 1971) de Robert Fuest. Matar o no matar es una producción británica que, sorpresa, no está auspiciada ni por la Hammer ni por la Amicus, las dos grandes productoras inglesas de esa época. Dirigida por Douglas Hickox (creo recordar en su única incursión en el género de terror), realizador meticuloso pero sin alma, la película  transcurre plácidamente entre la comedia negra y el terror más impactante, narrando la historia de un limitado actor teatral, Edward Lionheart (Vincent Price), especializado en escenificar obras de Shakespeare, que al serle denegado otra vez el premio al mejor actor por la asociación de críticos decide suicidarse y se le da por muerto (aunque en realidad no ha consumado el acto final). Como es lógico, poco después, reaparece completamente enajenado y, con la ayuda de su hija y una extraña cohorte de personajes, decide vengarse asesinando (con las obras de Shakespeare como inspiración) a cada uno de los críticos que le denegaron tan ansiado premio. La película sin ser una obra perfecta sí que representa y escenifica a la perfección el tipo de producto que es: un vehículo para el lucimiento de Price, y éste por supuesto no decepciona. El repertorio interpretativo está a la altura de las grandes ocasiones, variados registros, presencia imponente y uso de la voz como un recurso ilimitado para crear tensión y atmósfera. Totalmente recuperable y recomendable, esta pequeña producción nos recuerda la importancia de un actor que, por sí solo, aguanta y eleva la categoría del producto final.
Eduardo manostijeras (Edward scissorhands, 1990). La inclusión de este film viene motivada, obviamente, por ser la última gran aparición en pantalla grande de Price. Tim  Burton, fan confeso del actor, le dio la oportunidad de aparecer, de forma casi testimonial, en éste perfecto, macabro y surrealista cuento de amor, encarnando al inventor que ha creado a Eduardo. Me perdonaréis si comento la gran emoción y congoja que me produjo ver en acción a Vincent en las dos secuencias en las que aparece, en especial la que el inventor muere antes de poder colocar las manos a la criatura, pocos actores son capaces de dar a una secuencia un dramatismo tan real, tan creíble y tan emocionante con unos pocos gestos y movimientos, esa escena para mí es el compendio perfecto de todas las virtudes de este gran actor, amén de una despedida digna, justa y premonitoria de su propia muerte. Estoy seguro que para Vincent Price fue un orgullo poder despedirse de todos sus fans con este film (seguramente el mejor de toda la carrera de Burton), en un papel escrito y pensado exclusivamente para él.
la última interpretación del maestro
Sabrán perdonarme los fans de este actor la omisión de films, quizás más importantes, como La mosca (The fly, 1958), La mansión de los horrores (House of haunted hill, 1959) o La caída de la casa Usher (House of Usher, 1960), entre otras muchas, pero la selección realizada, aparte de muy personal, es obviamente incompleta ya que es imposible comentar o mencionar todas las grandes películas en las cuales ha intervenido este grandioso actor. De todas maneras el objetivo de homenajearlo en su centenario creo que se ha cumplido, yo por mi parte esta noche voy a marcarme una sesión con dos películas de este genio del séptimo arte y de paso le rendiré un más que merecido tributo.            
Un saludo amigos/as de El Terror Tiene Forma.










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