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Tu Web del Cine de Terror

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09 febrero 2012

Jesus Marti

Rabies (Kalevet, 2010)

Hay géneros o subgéneros dentro del cine fantástico y de terror que parece que tienen la virtud de volver a la vida cíclicamente, éste es el caso de nuestros amigos los muertos vivientes o del slasher, en el caso de los zombies no hace falta recordar la avalancha de producciones que han llegado últimamente; paralelamente el slasher, desde hace dos o tres años aproximadamente, ha vuelto con fuerza y parece que, por la película que hoy traigo a estas páginas, ha roto moldes y nacionalidades. Este género tan típicamente norteamericano ha calado profundo en el subconsciente de muchos aficionados, por lo que no es de extrañar que, en diferentes países, jóvenes realizadores se decanten por él, para seguir indagando y ofreciendo nuevos y diferentes puntos de vista sobre la rutina del cortar / rasgar / desmembrar.
El film que hoy trato en El Terror Tiene Forma, no es sorprendente por su género (slasher obviamente) sino por su nacionalidad, que no es otra que israelí. Rabies (Kalevet en su idioma original), qué buen título por cierto, se permite jugar con todas las convenciones del género aportando un toque eminentemente depresivo y triste, en el cual la verdadera violencia no está en las artes de matarife del psicópata de turno, sino dentro de todos nosotros, es por lo tanto una historia sobre el ser humano y su tendencia implícita hacia la violencia. Como planteamiento inicial no está nada mal, el problema viene en el momento de plasmar y desarrollar la historia, que, lastimosamente, transita entre la poca entidad y credibilidad de los protagonistas y los intentos de la pareja de realizadores (Aharon Keshales y Papushado Navot), de dotar al invento de un mínimo de coherencia argumental y de algunas puntas de interés. No es una obra potente ni perfecta, por momentos y en determinadas secuencias logra sonrojar, pero sí que tiene un “algo” que permite al aficionado verla sin demasiadas complicaciones; tiene un ritmo bastante alto, el suspense está conseguido, está rodada casi exclusivamente a plena luz del día (un punto a su favor) y tiene un par o tres de puntos bastante inteligentes; pero todo estos elementos  no consiguen elevar el listón global a demasiada altura.
No voy a entretenerme más, recomiendo su visionado más por curiosidad (es la primera película israelí de género) que por necesidad, y siempre teniendo muy claro que la obra no acaba de explotar en ningún momento, sin embargo alguna escena impactante e inquietante sí que tiene. Un aviso, si tenéis ocasión de verla (está editada en DVD, de importación por supuesto), preparaos para alucinar con el hebreo, para nuestros oídos es toda una odisea auditiva.
Hasta mañana amigos/as, saludos!!  

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