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28 febrero 2012

Jesus Marti

Ramsey Campbell, distorsionando la realidad

El muñeco que se comio a su madre, una escalofriante novela de Ramsey Campbell
Una difunta que maneja desde su tumba los destinos de sus herederos, un parásito escondido dentro del cuerpo de una mujer, una secta sin nombre que practica extraños cultos satánicos, un investigador cinematográfico que encuentra la película perdida de Karloff y Lugosi desencadenando un ciclo mortal, una extraña presencia que vive en el frío; todas estas ideas y unas cuantas más forman parte del imaginario de uno de los escritores de género fantástico más aclamado y premiado de los últimos años, su nombre: Ramsey Campbell.
Campbell posee una prosa envolvente, que atrapa la realidad y la moldea a su antojo, creando densas e inquietantes historias que desmenuzan párrafo a párrafo, con facilidad pasmosa, toda suerte de influencias, creando un estilo propio perfectamente reconocible, donde toda clase de seres y entidades encuentran un hábitat natural donde existir. La obra de este autor no es fácil, tampoco lineal, pero depara, si se tiene la paciencia necesaria, horas y horas de deliciosos escalofríos (suaves, delicados) que se instalan en el subconsciente del lector, formando una tela de araña que une la fantasía con la realidad en un crisol repleto de imaginación y talento. Si os parece un pequeño esbozo biográfico, servirá para adentrarnos un poco en su particular  mundo.
El Parasito, una de las obras cumbre de Ramsey Campbell
John Ramsey Campbell nació el 4 de enero de 1946 en Liverpool dentro de una familia disfuncional que provocó que el niño tuviera una infancia bastante traumática. Sus padres, a pesar de vivir en el mismo entorno, vivían separados, ya que su padre habitaba la parte de arriba de la casa y su madre y él la de abajo. La relación con su padre era fría y distante, siendo las relaciones con su madre más fluidas, pero no exentas de conflictos, ya que ella se aferraba a una educación religiosa extrema (católica en concreto) que no desdeñaba las habituales dosis de castigos corporales; sin embargo la afición de ella a la literatura de ciencia ficción y de terror contagió desde muy pequeño al jovencito.
Campbell fue un autor precoz, con 18 años vio editada su primera colección de relatos por Arkham House (la editorial de August Derleth y Donald Wandrei), titulada The Inhabitant of the Lake and Less Welcome, el volumen puede encuadrarse dentro de los Mitos de Cthulhu ya que el joven autor era un fan confeso del brillante escritor de Providence, H.P. Lovecraft. Originalmente estos relatos localizaban su acción en Arkham, Dunwich y Innsmouth (el triángulo imaginado por Lovecraft para gran parte de sus novelas y relatos), pero la insistencia de August Derleth convenció al escritor de la necesidad de ubicar sus creaciones en un entorno conocido por él, de esta manera re-escribe buena parte de los relatos imaginando localizaciones ficticias, como la ciudad de Brichester, enmarcándolos en su propio país.
En el año 1973 la colección de relatos titulada Demons by Daylight nos trae a un autor más maduro y complejo, que se aleja, sin renegar, de sus influencias más notorias para crear un particular estilo narrativo, donde las estructuras densas y cambiantes de sus párrafos, albergan verdaderos hitos en el arte de dar o provocar miedo; Campbell no se corta para nada, desatando un verdadero vendaval de imaginación, donde lo cotidiano acoge con deleite la distorsión de la realidad logrando que las pesadillas se conviertan en tortuosos y enfermizos caminos, plagados de escalofríos de horror en estado puro. Esta colección de relatos fue un tremendo éxito, tanto de crítica como de público, logrando que su carrera tuviera una meteórica progresión; a partir de ese momento alterna su faceta de escritor de cuentos o relatos cortos, con la publicación de novelas, y si bien es cierto que siempre ha sido valorado más por su trabajo en las cortas distancias, su novelas han alcanzado a menudo cotas de calidad francamente impresionantes; en este sentido se pueden mencionar obras como El Muñeco que devoró a su madre (The Doll Who Ate His Mother, 1976), El Parásito (The Parasite, 1980), La Secta sin Nombre (The Nameless, 1981), Imágenes Malditas (Ancient Images, 1989), Sol de Medianoche (Midnight Sun, 1990) o Nazareth Hill (The House of Nazareth Hill, 1996). Todas ellas son grandes novelas que invocan terrores que van más allá del shock o del efectismo, con una narración lenta y a menudo no demasiado lineal, construye, como un arquitecto maníaco, detallados ambientes de enrarecido e irrespirable contexto, creando unas atmósferas asfixiantes donde lo tenebroso, lo macabro, se instaura lentamente en el inconsciente del lector; es obvio que éstas construcciones argumentales no son del agrado de todo el mundo, también se puede afirmar que, habitualmente, sus novelas tardan demasiado en arrancar, lo cual provoca un rechazo frontal por parte de muchos aficionados, acostumbrados a desarrollos más rápidos e intensos. Pero estos “defectos” de forma, conforman y condensan, sin embargo, toda la magia que posee éste autor, su estilo es pausado y luce una cadencia única y persuasiva que transforma la luz en oscuridad, donde el horror, susurrado y silencioso, siempre está presente.
Campbell también ha cultivado su faceta de editor, suyas son recopilaciones tan sorprendentes como los Nuevos Cuentos de los Mitos de Cthulhu (New Tales of the Cthulhu Mythos, 1980), donde une a autores tan dispares como Stephen King, Brian Lumley, David Drake o Frank Belknap Long, para dotar de nueva vida la inmortal obra de Lovecraft; es de justicia mencionar que este libro está editado en nuestro país en una fenomenal edición a cargo de Valdemar Gótica, y según mi modesta opinión es de obligada inclusión en cualquier biblioteca que se precie.
Respecto a su presencia en el mundo cinematográfico, no es sorprendente su poca representación, sobre todo si tenemos en cuenta la complejidad de muchos de sus argumentos. Hasta el momento la pantalla grande solo ha visto dos adaptaciones más o menos con cara y ojos, me estoy refiriendo a Los Sin Nombre (1999), la ópera prima (en el largometraje, por supuesto) de Jaume Balagueró y a El Segundo Nombre (2002), del director valenciano Paco Plaza. Ambas fueron distribuidas por Filmax a nivel internacional. El resto de adaptaciones o ideas del autor plasmadas en celuloide se limitan a un corto del año 1995 titulado Joyride dirigido por Jim Gillespie y al capítulo The Seductress (2000) de la serie televisiva The Hunger.  
Bueno, poco más, es indudable que la lectura de la obra de Campbell no es fácil, como ya he mencionado al principio del post, pero estoy seguro que acercándose a la misma con paciencia y predisposición, puede depararnos muchas horas de una intensa y terrorífica degustación de los placeres que se esconden en las sombras de lo cotidiano.
Para acabar nada mejor que una frase dicha en la Semana Negra de Gijón del año pasado:
“Estoy orgulloso de ser un escritor de terror y ser fiel a una gran tradición de más de un siglo” Rampsey Campbell.
Saludos amigos/as de El Terror Tiene Forma. Hasta mañana.


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