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3/14/2012

Jesus Marti

Richard Laymon, heridas con letras


La Factoría de ideas acaba de editar en su colección Eclipse (nº63), la novela del año 1991 titulada La Isla (Island) de Richard Laymon. La edición es en rústica con solapas, tiene 352 páginas y su precio es de 20,95€. Así mismo, por gentileza de la editorial, también podéis leer, al final del post, el prólogo, a cargo de Dean Koontz, y el primer capitulo del libro.
El argumento (cedido por la editorial) es el siguiente: La familia de su novia invita al joven Rupert Conway a pasar unas vacaciones con ellos de crucero por las Bahamas. Cuando, estando de pícnic en una isla desierta, su barco explota, Rupert no se preocupa demasiado: hay comida en abundancia, agua potable, y tanto su novia como la madrastra de esta y sus medio hermanas están para chuparse los dedos en bikini. Pero, cuando los demás hombres que conformaban esta pequeña expedición empiezan a aparecer asesinados, Rupert se da cuenta de que tiene un problema: no están solos en la isla y él, un adolescente, es el único que puede proteger a las mujeres del sádico que los acecha.
Aprovechando esta noticia no he podido resistirme a realizar un pequeño artículo sobre este peculiar escritor, que marcó una época en la literatura de terror, vamos a ello!!
Richard Laymon (1947-2001) es un escritor de culto, y escribo “de culto” con todas las connotaciones y reservas que este calificativo puede ocasionar, pero una cosa está bastante clara, su obra se mueve en los extremos más absolutos, o blanco o negro, dejando los grises para otros autores más comedidos o tibios, por ese motivo el calificativo antes utilizado encaja como un guante, a la hora de describir o comentar las ondas expansivas que su obra produjo entre los autores especializados en el terror; para Laymon el género de terror, y por extensión sus obras (principalmente en sus inicios), tenía que ser duro, salvaje, virulento, directo a la yugular, por lo tanto imaginaba y desarrollaba unos argumentos que, si tuviéramos que compararlos con el mundo del cine, podríamos tranquilamente encajonarlos dentro del gore más bestia y efectivo, comparándolos, en repercusión mediática, con películas como Viernes 13 o Re-animator, pero para mí este autor es mucho más que un exquisito carnicero de las descripciones salvajes, su prosa, muchas veces acusada de infantil y descuidada, es ágil, eficaz y contundente recordando las virtudes que toda comunicación artística debería tener; unas líneas atrás menciono el paralelismo con el gore, pero también se le podría comparar con una buena canción de Punk Rock, donde no importa, ni interesa, la buena educación ni las formas académicas, sino más bien se tiende a celebrar la inmediatez, la actitud y la credibilidad, en una especie de extensión en la literatura de la actitud del  “hazlo tú mismo”, con tus palabras, con tus sentimientos, sin cortes, engaños o demagogias baratas.
Es quizás esta manera tan poco correcta, para algunos, de encarar su trabajo la que ocasionó más quebraderos de cabeza al autor; a pesar de que compañeros de profesión tan prestigiosos como Stephen King o Dean Koontz no se cansaran de ensalzar sus méritos y virtudes. Las reacciones a sus novelas y relatos, por parte de ciertos sectores, no fueron excesivamente entusiastas y sí sumamente polémicas, por lo que su trayectoria siempre estuvo dividida entre admiradores y detractores a partes iguales.
En el año 1988 su novela “Flesh” obtuvo el premio a la Mejor Novela de Terror concedido por la Science Fiction Chronicle. A título póstumo le fue concedido en el año 2001 el premio Bram Stoker por su novela El espectáculo del vampiro (The travelling vampire show, 2000).
En nuestro país hemos tenido la suerte de ver editadas bastantes de sus novelas, entre las que podemos destacar Apagadas están las luces (Out are the lights, 1982), El sótano (The cellar, 1980), Montaña Siniestra (Dark Mountain, 1987) o Sangre en el bosque (The woods are dark, 1981).
Nunca sabremos hasta donde nos podría haber llevado la imaginación de Laymon, pero por fortuna tenemos a nuestra disposición una extensa obra, llena de voraces y terribles escenas de terror, por lo tanto aprovechemos su legado y disfrutemos sin miedos ni cortapisas del talento de este autor.
Bueno amigos/as, ya sabéis, un poco de lectura, de estas características, antes de acostarse consigue que tengamos sueños adecuadamente terroríficos, que nos preparan para la rutina diaria, que eso sí que da verdadero miedo.
Saludos y hasta mañana.
La isla de Richard Laymon

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