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15 agosto 2012

Jesus Marti

Stake Land / Tierra de Estacas (2010)


Stake Land / Poster
En el Festival de Sitges del año 2007, Jim Mickle, sorprendía a propios y extraños con su primera película, una obra de bajo presupuesto (60.000$) titulada Mulberry Street, en ella  con un espíritu muy cercano a los primeros trabajos de Abel Ferrara y con una atmósfera particularmente opresiva y/o sucia, se narraba la propagación, gracias a las ratas, de una infección mortal por las calles de Manhattan, que convertía a cualquier humano infectado en una especie de rata-humana mutante sedienta de sangre. El trabajo realizado nos descubría a un narrador eficaz, creativo, que hacía maravillas con el bajo presupuesto que tenía en las manos y poseedor de un talento innato para crear personajes sólidos y bien desarrollados.
Nick Damici en Stake Land
En el año 2010 Mickle volvía a la carga, esta vez la propuesta no era tan modesta y sí bastante más arriesgada. El nuevo proyecto se titulaba Stake Land (literalmente Tierra de Estacas) y contaba con un presupuesto de cuatro millones de dólares. El argumento es bastante básico: a raíz de una guerra bacteriológica la tierra ha sido devastada, una misteriosa plaga convierte a la gente en sedientos vampiros y toda América se ha convertido en coto de caza de grupos diseminados que intentan sobrevivir a toda costa. 
En medio de ese caos un joven huérfano y Mister, un veterano cazador de vampiros, intentan llegar hasta New Eden (Canadá), una tierra ajena, supuestamente, a la enfermedad que asola al resto del mundo. A simple vista el argumento puede parecer bastante reiterativo y ya conocido; un futuro post-apocalíptico plagado de vampiros, zombies, hombres-lobo o cualquier otra amenaza no es desde luego nada original, ¿donde está pues la diferencia que permite a Stake Land diferenciarse de cientos de producciones en las mismas coordenadas argumentales?, pues básicamente en el talento de su realizador que no permite que los monstruos sean el centro de la función, como él mismo ha declarado en algún momento 'Stake Land no es una película de vampiros, es una película con vampiros', esto convierte a los monstruos en un elemento más dentro de la película no en el centro de la misma, con lo cual Mickle deja las puertas abiertas para enseñarnos otros elementos más perturbadores e inquietantes. La capacidad del ser humano para la violencia y la deshumanización unido a la capacidad de supervivencia innata en el hombre es una constante en el film, la devastación de la civilización y el peligro de los extremismos religiosos son dos aristas más dentro de la trama, cuyo eje principal gira alrededor de los personajes; al igual que en su primer film, el director gusta de construir personajes complejos, fascinantes, llenos de vida y matices que enriquecen considerablemente el desarrollo de la historia.
Secuencia de Stake Land
Por un lado tenemos al caza vampiros recreado por Nick Damici, de carácter sombrío y solitario, perfectamente integrado, casi simbiótico, con el entorno y la dureza del mismo que, como un anti héroe al uso, sobrevive sin sentimentalismos que lo debiliten, creando una mezcla de honor y dignidad que recuerda a no pocos personajes crepusculares más propios de un western que de una película de terror. En el otro lado de la balanza tenemos al joven huérfano, él debe crecer, endurecerse, en un tortuoso viaje iniciático que lo lleva de la adolescencia a la madurez en medio de charcos de sangre y muertes violentas. Alrededor de estos dos personajes centrales, unos cuantos secundarios refuerzan las sensaciones que pretende transmitir el director; Kelly McGillis interpreta con fuerza y credibilidad a una monja que se salva de ser violada gracias a la intervención de Mister, este personaje crea un fuerte vínculo con los dos protagonistas siendo pieza clave para entender el desarrollo del film; también tenemos al líder de la secta religiosa, un hombre peligroso, violento, trastornado que cree que los vampiros son instrumentos enviados por Dios para limpiar la podredumbre del mundo y actúa en consonancia, por lo tanto se refuerza la idea de que el peligro más grande para el hombre es el mismo hombre, reflexión que da un barniz más oscuro, si cabe, a la trama. Para finalizar una chica embarazada y un soldado abandonado a su suerte conforman el núcleo central de Stake Land; todos estos elementos conforman el santo y seña de ésta producción: un análisis sobre la amistad, la supervivencia, el caos, la esperanza y la redención, envuelto todo ello en una película de género, brillante, por momentos conmovedora, que reflexiona y critica (a partes iguales) sobre la condición humana.
Secuencia de Stake Land
Respecto a la parte técnica comentar que tiene un ritmo mesurado y reflexivo que incluso se permite algún momento épico que algunos podrían criticar por grandilocuente (no lo es, que conste), este tempo tan controlado se rompe con los estallidos de violencia y sangre, brillantemente filmados y resueltos, que regalan una atmósfera de desesperación y crueldad realmente poderosa. Acompañando a una dirección realmente eficaz, la fotografía a cargo de Ryan Samul y la banda sonora de Jeff Grace, aportan una consistencia al conjunto digna de elogio.
No hace falta decir que Stake Land me ha gustado, bueno en realidad me ha gustado muchísimo, y no puedo dejar de compararla con otra película reciente que también utilizaba muchos de los recursos y elementos que ésta posee, me estoy refiriendo a The Dead de los hermanos Ford. Ambas construyen a la perfección un mundo devastado a partir de los personajes, de su personalidad y de sus anhelos, siendo la pandemia que los acosa el menor de sus problemas. Es curioso observar que ambos films también comparten presupuestos no demasiado elevados, que sin embargo lucen en pantalla verdaderamente majestuosos, al contrario que en otras producciones en las cuales el elevado presupuesto no hace más que lastrar la película.
En definitiva, Stake Land es una 'road movie' post-apocalíptica intensa que nos regala momentos inolvidables y nos invita a reflexionar sobre el camino que el cine de género tendría que abrazar sin cortapisas. Una historia bien narrada, bastante violenta y hecha desde el corazón, ¿qué más se puede pedir?, recomendable al cien por cien.
Saludos, amigos/as de El Terror Tiene Forma.



Año: 2010 / Director: Jim Mickle / Productor: Derek Curl, Larry Fessenden, Adam Folk, Brent Kunkle, Peter Phok / Guión: Jim Mickle, Nic Damici / Fotografía: Ryan Samul / Música: Jeff Grace / Dirección Artística: Michael Ahern, Beck Underwood / Diseño de Producción: Daniel R. Kersting / Maquillaje: Ivy Ermert, Pete Gerner, Brenna McGuire, Brian Spears, Ashley Thomas, Jessica Toht / Efectos Visuales: Chris Gelles, David Isyomin, Glenn McQuaid, Jim Mickle País: USA / Duración: 98m. / Formato: ¿? / Proporción: 2.35: 1 / Color / Presupuesto: 4.000.000 $

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2 comentarios

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19 de agosto de 2012, 10:41 delete

Ummm... Creo que debo tener una copia por ahí. Indagaré, ya que leo que merece la pena. Un saludo y gracias por la estupenda reseña.

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J. Martí
AUTHOR
19 de agosto de 2012, 10:54 delete

Hola Quimérico, creo que la película te gustara mucho, a mí me dejo verdaderamente asombrado. Gracias por tus palabras.
Saludos!

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