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13 octubre 2013

Jesus Marti

Expediente Warren: The Conjuring (2013)

 
James Wan ataca de nuevo
No hay que ser clarividente, ni medianamente inteligente, para afirmar que James Wan tiene la mano rota para aunar comercialidad y excelentes resultados en taquilla en todas y cada una de sus incursiones en el género. Esta situación no es ajena, ni mucho menos, al lamentable estado del cine fantástico actual, donde los remakes y secuelas abundan demasiado y las incursiones fuera de estos parámetros son (con dignas excepciones) de una simpleza argumental que tira de espaldas, por lo que, en consecuencia, en el país de los ciegos, el tuerto es el rey. El cine de Wan, sobre todo en los últimos tiempos, no es más que una perfecta madeja de notorias influencias ensamblada y maquillada para asombrar a nuevos seguidores del cine de terror, bien dotado técnicamente, sus películas son alarmantemente huecas y predecibles, y ni siquiera el constante desfile de guiños a películas anteriores salva al aficionado un poco veterano de sufrir molestos picores y accesos de erupciones cutáneas varias.
Patrick Wilson y Vera Farmiga en una secuencia de la película
Expediente Warren: The Conjuring, película que hoy nos ocupa, parte de los archivos de la famosa pareja de investigadores de lo paranormal Ed y Lorraine Warren (Lorraine colaboró en la película como asesora), y se centra en uno de sus casos más famosos y terroríficos: los terribles acontecimientos sobrenaturales que la familia Perron sufrió en sus carnes al mudarse en el año 1971 a una granja colonial en Harrisville, Rhode Island. La familia Perron fue acosada por diferentes entidades, siendo la más maligna un espíritu, identificado en una sesión de espiritismo, con el nombre de Betsabé, mujer que según la leyenda local era sospechosa de ser una bruja y acusada de ser la responsable de un buen puñado de muertes misteriosas, incluido el sacrificio de un niño como ofrenda al diablo. Estas sospechas se alargaron en el tiempo hasta su muerte, ocurrida en el año 1885, pero las muertes violentas no dejaron libre del maleficio a la propiedad, ya que posteriormente se documentaron suicidios, envenenamientos, la violación y asesinato de una niña de 11 años y algunos sucesos más. La familia Perron solicitó la ayuda del matrimonio Warren para intentar acabar con el acoso, pero éstos (contrariamente a lo que se explica en el film) no consiguieron ningún resultado positivo. La familia vivió durante una década más en la propiedad y una de sus integrantes escribió posteriormente el libro 'House of Darkness, House of Light', el cual sirvió como base para elaborar el guión del film.   
Vera Farmiga en The Conjuring
Lili Taylor en The Conjuring
Pasemos al film en sí mismo, lo primero que destaca es el clasicismo que empapa todo el metraje, se intenta crear una atmósfera ominosa que vaya en un continuo 'in crescendo' hasta desembocar en el exorcismo final, alejándose premeditadamente de recursos más físicos o facilones durante buena parte del film, este clasicismo formal en el planteamiento es de agradecer, pero yo creo que se debe más a una notoria falta de ideas antes que a una necesidad artística de su realizador, no se... es una sensación y no puedo deshacerme de ella; el segundo punto a destacar es la soberbia utilización de la banda sonora, pródiga en ruidos, susurros y demás recursos para asustar al personal con medidos golpes de efecto, nada nuevo bajo la luna pero no obstante muy bien utilizado; también resaltan por derecho propio los 'homenajes' o 'guiños' a otros films de género: Al final de la escalera (The Changeling, 1980) de Peter Medak, Terror en Amityville (The Amityville Horror, 1979) de Stuart Rosenberg o El Exorcista (The Exorcist, 1973) de William Friedkin, pasan por las manos de Wan y se integran dentro de la historia de una manera un tanto forzada, dando la sensación de que son utilizados más como salvavidas en momentos de zozobra argumental o pérdida de perspectiva antes que como un homenaje honesto y desinteresado al género. El film, como hemos comentado anteriormente, es bastante lento y falto de carnaza sanguinolenta (esto último se convierte en uno de los pocos aciertos que ostenta), eso no quita que en la parte final se desate un pequeño torbellino de acción que entronca directamente con el film de Friedkin; a tenor de lo expuesto es justo decir que la falta de intensidad y la nula capacidad de asustar (los sustos son pocos y previsibles) lastran considerablemente los 112 minutos de la obra, dejando una carcasa vacía, hueca de contenido interesante, pero que encaja perfectamente en los parámetros del moderno cine de terror actual. Como punto final comentar que el final abierto da pie a la posibilidad de una secuela, elemento que deja sumamente claro las intenciones mercantiles del invento en cuestión.
el museo de los Warren en el film The Conjuring
Las interpretaciones son bastante justitas, aunque podemos destacar la etérea presencia de Vera Farmiga que da vida a Lorraine Warren. Fotografía, dirección y efectos a la altura de una producción de 20.000.000 de dólares.
En definitiva, The Conjuring no es la obra maestra que todo el mundo proclama a los cuatros vientos, es una película correcta para los tiempos actuales pero que no puede resistir ninguna comparación con largometrajes anteriores, sirviendo como ejemplo perfecto de autocomplacencia creativa. Como queda claro el señor Wan no está entre mis directores preferidos, pero en mi defensa puedo decir que siempre me decantaré por un alegre y jugoso chuletón antes que por un triste e insípido plato de judías verdes, siendo uno básico como comida principal y el otro (también básico) pero como acompañante, nunca como plato principal.
Saludos amigos/as de El Terror Tiene Forma. 

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